lunes, 20 de febrero de 2012

Diminuto, trascendental (Sole)

Estoy en el portal de su casa, esperando un simple gesto, una mirada.. Entonces ella se acerca y… algo suena, de fondo, se acerca, suena más fuerte, y más, más…
Vuelvo a la realidad, todo era un sueño. ¡Mierda! Las 7 en punto de la mañana, y a las 7 y media tengo que estar en el trabajo. Como siempre, después de una ducha y encasquetarme el traje, salgo de casa casi corriendo, con la corbata colgando y una tostada a medio comer. Siempre llego justo al trabajo, siempre me duermo.
Bajo la calle con mi cara de perro, sí, doy hasta miedo, pero es que esto de levantarse pronto sumado con el estrés puede con mi buen humor.  Paso por la plaza Gabriel Miró, la cruzo en diagonal para ahorrar tiempo, aunque sea medio minuto, con el nuevo jefe no puedo jugármela.
De repente, un grupo de chicos se pone a mi lado, con un carro rojo, caminando a la misma velocidad que yo. Los miro, medio agotados. ¿Qué es esto? Me pregunto.
De repente sacan un regalo, me encuentro con una magdalena, una vela y un gorro en forma de tarta,  y me doy cuenta de que hace medio minuto que está sonando la canción de cumpleaños feliz. Mi cumpleaños, con las prisas lo había olvidado, pero aún así no puedo perder tiempo. Sigo caminando mientras doy las gracias por mi felicitación fugaz y continúo mi camino con una gran sonrisa. 

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