He recibido una llamada de un cliente, me llamo Adrián, y soy estudiante de criminología con licencia de detective privado, por raro que pueda parecer. En esta llamada, según me explicó el cliente, cuyo nombre no puedo facilitar, se me proponía pasar un día entero en una zona pública en la que según decía, y cito literalmente, “se daría un acontecimiento para hacer reflexionar a los usuarios”.
Allá me dirijo, tengo una dirección y un horario son las 09:00 y creo que voy a volver a casa sobre las 21:00, espero que valga la pena, por lo menos sólo tengo que apuntar las reacciones de la gente y grabar todo lo que vea, por insignificante que me parezca, tampoco es la primera vez que me encargan algo que no entiendo.
Acabo de sentarme en un banco junto a la calle que mi cliente me dijo, y, la verdad, es que aquí están pasando cosas raras… Desde luego la gente no se acerca a lo que supongo, será el acontecimiento que me explicó, yo tampoco lo haría de ser ellos, ¡no quiero sentirme observado!
Van pasando las horas y me voy acostumbrando a todo lo que pasa por aquí: la gente que pasa de largo mira raro o hace como que no ve nada, los que se quedan por poco tiempo se alejan y, cuando tienen oportunidad, se van de aquí, pero, hay algún grupo de personas que, puede que porque su rutina les obliga, se quedan cerca de mí más tiempo. Ellos observan, comentan con gente que está a su lado, puede que amigos, familiares, o puede que no. A mí no me importa, sólo tengo que grabar y escribir.
Ha acabado mi jornada, voy a mandar mis notas y mis grabaciones a una dirección y recibiré el pago que acordamos.
El día de hoy ha sido, cuanto menos, curioso.
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